abandona el victimismo

Todo victimismo comienza con una queja, pero si no haces nada y dejas que se prolongue en el tiempo puedes convertirte en una persona victimista. Te proponemos un nuevo reto: ¡Abandona el victimismo en 5 pasos!

Primero de todo, cabe decir que es una condición que se puede superar. Muchas veces la persona no puede evitar comportarse de esa forma, aunque por supuesto, siempre hay un porcentaje que sí son conscientes de lo que pasa. Deberemos analizar nuestra forma de actuar, encontrar lo que nos lleva a actuar así y preparar un plan de acción.

1. Analizar las ganancias

Un buen ejercicio es preguntarse qué gano cuando actúo de esta manera. La queja siempre busca sacar un beneficio. Podría ser cualquier cosa: búsqueda de amor, de aprobación, de seguridad, de protección o incluso un intento de controlar a los demás y culparles de las cosas que no salen como quiero.

Un elemento clave de trasladar la culpa a los demás es evitar asumir la responsabilidad que yo tengo sobre mi propia vida y evitar ver que yo mismo me creo una conducta limitante.

2. Prohibido quejarse

Si dedico mucho tiempo y energía en quejarme, realmente ¿Qué estoy haciendo para resolver la situación? Nada. A veces, tenemos claro que debemos cambiar pero buscamos excusas: no tengo tiempo, no tengo energía… Lo que realmente ocurre es que evitamos el cambio ya que es mucho más cómodo que afrontar los problemas, ya tenemos el victimismo como hábito.

Por lo tanto, la segunda actividad que podemos hacer es no quejarnos. Cuando vaya a quejarme, debo retenerme y pensar en un plan de acción para afrontar aquella situación que no me gusta. Esto implicará que asumo la responsabilidad que me toca y tomaré decisiones distintas. Realizaré un plan B cuando las cosas no salgan como lo había planeado.

3. Detectar pensamientos negativos

Relacionado con el punto anterior, puede ser que a causa de pensamientos automáticos negativos limite mi actuación y acabe por quejarme. Pensamientos parecidos a “todo me sabe mal”, “esto es horrible”, “nunca estaré bien”, “las personas son horribles y me quieren dañar”… Debemos empezar a ser conscientes de ellos para buscar un pensamiento más realista. Si queréis saber más acerca de estos pensamientos, podéis consultar otra entrada.

4. Elegir

Ser conscientes de que podemos elegir. Tomar decisiones, cambiar formas de hablar, actitudes y situaciones… Ser conscientes de qué soy responsable y de que no. Si nos basamos en aquello que sí puedo controlar en mi día a día, nos sentiremos más seguros de nosotros mismos y podremos afrontar todo aquello que no esperaba.