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Dependencia Emocional

La dependencia emocional aparece cuando la baja autoestima, la inseguridad y el miedo a la soledad y al cambio nos anclan en la insatisfacción constante y la infelicidad creciente.

La vinculación afectiva establecida durante la infancia es fundamental para desarrollar una alta autoestima y está a su vez lo es para establecer relaciones sociales y de pareja saludables. Nuestras relaciones de pareja deberían servir siempre de acicate para desarrollar nuestras capacidades, proporcionándonos bienestar y disfrute y no por el contrario, limitándonos o haciéndonos infelices.

Para establecer una relación de pareja saludable, es imprescindible estar bien con uno mismo, sabernos seres completos y sentirnos confiados, cómodos y seguros con nuestra independencia. Por lo tanto, el otro no debe ser visto jamás como una tabla de salvación, un refugio, una compensación a mis carencias o un gurú cuyos mandatos y recomendaciones seguir a pie juntillas. El otro siempre debe ser aquel en el que reconozco cualidades que me atraen, con quien elijo estar no porque lo necesite para sentirme complet@ sino porque me apetece compartir el camino con alguien que me aporta bienestar.

De esta manera, una relación de pareja sana se caracterizará porque en ella existe:

-Reciprocidad

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-Transparencia

-Diálogo fluido

-Comunicación Asertiva

-Admiración mutua

-Aceptación

-Propósitos de vida en común

-Valores y principios compartidos

-Compromiso con la relación de pareja

-Espacios de intimidad compartidos (conocer las aspiraciones, actividades, preocupaciones del otro, ser cómplices, ser amigos)

-Pasión

Cierto es que quizás la mayoría de las relaciones no cumplan cada una de las características antes mencionadas, lo importante es estar en el camino de conseguirlo, creer que es ese el tipo de relación que queremos tener: una relación basada en la confianza y la igualdad, con alguien con quien podemos ser quienes realmente somos y con quien compartimos valores, intereses y metas.

Ahora bien, ¿qué podemos hacer para evitar enfrascarnos en relaciones de pareja tóxicas? 

Para saber elegir debemos plantearnos previamente qué es lo que buscamos en el otro, cuáles son las características y valores que consideramos son imprescindibles en una pareja. Si conocemos alguien que en principio encaja con este perfil debemos ir poco a poco en la relación y con los «pies en la tierra».
No se trata de ser desconfiado sino de ser capaces de disfrutar del descubrimiento del otro sin idealizarlo ni saltarnos etapas. Ante señales de actitudes o formas de funcionar que no encajan con nuestra idea de pareja no debemos temer hablarlo y sobre todo no debemos caer en el error de justificarlas o pensar que seremos los artífices del cambio.

Por lo tanto, una relación de pareja NO es saludable cuando:

-Tu pareja te habla mal, te insulta, te menosprecia o te falta el respeto; es decir, cuando existe maltrato psicológico.
-Tu pareja te miente, te oculta cosas.
-Son más los días de sufrimiento que los de dicha a su lado.
-Has dejado de ser quien eras, te sientes anulad@.
-No eres feliz, no te sientes realizad@.
-No tenéis proyectos comunes, no compartís tiempo o aficiones.
-Te sientes sometid@, tu pareja te dice qué hacer y cómo hacerlo.
-No es posible hablar con tu pareja y explicarle cómo te sientes, lo que quieres, lo que piensas…
-Eres consciente que tienes muchas razones para cortar con la relación pero algo te impide hacerlo.
-Si la relación es un constante ir y venir de rupturas y reconciliaciones que parece no tener fin.

Entonces, ¿cuándo consideramos que existe dependencia emocional?

Hablamos de dependencia emocional cuando un miembro de la pareja o incluso ambos son incapaces de cortar dicha relación, aún siendo plenamente conscientes de lo perjudicial que les resulta mantenerla.De esta manera, algunas conductas que podemos encontrar en el dependiente emocional serán:

-Aferrarse a toda costa a los pocos momentos felices, ignorando o justificando los infelices.

-Conformarse con una vida insatisfactoria y poco estimulante, resignándose a no aspirar a más por miedo a enfrentarse al cambio.

-Someterse y aceptar malos tratos y humillaciones como parte del día a día.

-Esmerarse frenéticamente en complacer al otro y adaptarnos a sus deseos y necesidades, renunciando a las propias.

-Experimentar una sensación de decepción cada vez mayor.

-Querer creer ciegamente en las palabras del otro, aunque sus actos demuestren lo contrario.

-Acceder a vivir una relación inestable debido a las constantes dudas del otro respecto a la relación.

-Centrar todo su tiempo, atención y esmero a la persona amada y a su relación con ésta, perdiendo vinculación con familiares y amigos y privándose de ciertas experiencias sociales.

-No concebir la vida sin el otro. Experimentar una necesidad extrema de él, desear que él también lo necesite y le haga sentir que es su prioridad.

-Sentir pánico al pensar en perder al otro, no verse capaz de afrontar una nueva vida sin él.

-Experimentar estados ansiosos, alteraciones del sueño e incluso de la alimentación debido al estrés constante que le supone la relación.

-Enfadarse con cualquiera que intente «abrirle los ojos», aconsejarle, ayudarle a ser más crítico y objetivo al valorar la relación.

-Anclarse en la esperanza de que el otro cambiará, de que él/ella conseguirá cambiarlo y transformarlo en la persona que necesita para ser feliz.

 

En conclusión, la dependencia es consecuencia principalmente de:

-Tener una baja autoestima, es decir un autoconcepto y valoración negativos de nosotros mismos, lo cual nos genera inseguridad y necesidad de buscar en otros la compensación a nuestras carencias.

-Temer a la soledad. No saber disfrutar de nuestra libertad, autonomía, independencia.

-Tener creencias erróneas respecto al amor y las relaciones de pareja («en el amor es normal sufrir», «hay que aguantar y no abandonar a la primera», «el matrimonio es para toda la vida», etc.).

Pero, ¿es posible superar la dependencia emocional? ¡Por supuesto! Aunque para ello será necesario:

-Tomar consciencia de la realidad. Ser sinceros con nosotros mismos y aceptar las sombras de nuestra relación por duro que sea.

-Dejar de aferrarnos a un cambio imaginario y preguntarnos si realmente queremos vivir una vida así de insatisfactoria el resto de nuestra vida.

-Preguntarnos para qué sigo con esta relación, es decir, qué finalidad vital me ayuda a perseguir.

-Conocernos mejor, aprender a aceptarnos y empezar a querernos, reafirmándonos en nuestras necesidades, deseos y valores y asumiendo la responsabilidad de tomar nuestras propias decisiones.

-No dejarnos contaminar por pensamientos catastróficos.

-Y sobre todo, mantener distancia total para darnos el tiempo y espacio necesarios para olvidar al otro, centrarnos en nosotros mismos y rehacer nuestras vidas.

Referencias:

Congost, Silvia (2013): Cuando amar demasiado es depender.Barcelona: Editorial Oniro.

Si crees que tú mismo o alguien cercano a ti presenta un perfil similar al aquí descrito, no dudes en consultarnos. Una evaluación individualizada permitirá establecer la intervención más apropiada para iniciar el proceso de recuperación.

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2018-02-09T08:18:11+00:00

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